Título de sección
Discurso - 25/05/2011
Calificar Información
¿Qué te pareció esta información?
Contenido de sección
Palabras de la Doctora Laura Carrera Lugo durante la recepción de la presea Corazón de Oro
C.P. Jorge Herrera Caldera, Gobernador Constitucional del estado de Durango;
Lic. José Oscar Vega Marín, Oficial Mayor de la Secretaría de Gobernación;
M.E. Alia Lorena Ibarra Ávalos, presidenta nacional de asociación mexicana de mujeres empresarias (AMMJE);
Ana María Sánchez Sánchez, primera vicepresidenta nacional de AMMJE;
Genoveva Anaya Saavedra, segunda vicepresidenta nacional de AMMJE;
María del Pilar Muñoz de García, vicepresidenta ejecutiva nacional del AMMJE;
Sra. Judith Yannini Flores, consejera consultiva nacional de AMMJE;
Señoras y señores:
No existe libertad sin igualdad. Y no existe igualdad sin un acceso expedito a la justicia.
Les agradezco esta presea que honra el trabajo que la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres viene realizando para hacer realidad el legítimo derecho de las mujeres a vivir libres de violencia en nuestro país.
En la Comisión hemos detectado tres formidables impedimentos que se interponen entre las mujeres y la justicia: la cultura que las subordina en todos los órdenes; las leyes que invisibilizan el impacto de la violencia en sus vidas, y la respuesta discriminatoria de quienes operan el sistema legal y judicial.
Sabemos que, en general, las mujeres no denuncian la violencia que viven en el hogar, en el centro de trabajo, en la vía pública. Tampoco utilizan el sistema de justicia; desconfían que sea capaz de proteger su dignidad, su seguridad y privacidad. Sobre todo: temen que al final no recibirán la justicia que merecen.
Para prevenir la violencia de tal manera que las mismas acciones contribuyan a erradicarla, la Comisión a mi cargo construyó un modelo de prevención-atención inédito en México. Se trata de un espacio multiagencial, amigable y seguro que salvaguarda la vida y seguridad de la mujer víctima de violencia, acompañándola durante todo el proceso hasta obtener la justicia que merece. Estoy convencida de que el triunfo de una sola mujer sobre la impunidad es una poderosa lección para todas las mujeres y para la sociedad misma.
Hoy, las mujeres viven con temor ante la violencia; con temor a sufrirla, a denunciarla y a ser estigmatizadas por la familia y la sociedad; con temor a la revictimización a manos de operadores de justicia prejuiciados; con temor a las represalias del agresor.
El problema se agrava para las mujeres migrantes y para aquellas que viven en zonas marginadas, pobres y rurales, porque a la ausencia de documentos en regla, en el caso de las migrantes, y a los obstáculos personales y las distancias que deben recorrer para llegar a un Ministerio Público, se suma el peso de la cultura que, de entrada, pone en tela de juicio su palabra contra el agresor, y más si se trata de un familiar o conocido de la víctima, como ocurre con gran frecuencia.
Con una atención integral e interdisciplinaria, los Centros de Justicia para las Mujeres acompañarán la decisión de las mujeres para salir de la violencia, para superar el temor, y para recuperarse.
Al cruzar el umbral del Centro de Justicia de su localidad, la mujer dejará su temor a un lado, al descubrir que no está indefensa; que no es frágil, sino que ha sido fragilizada por la sociedad, y que recibirá la atención única que su circunstancia única merece. Aprender de su propia fuerza y valor intrínseco, la convertirá en una mujer empoderada y, por lo tanto, en factor del cambio que México necesita.
Cualquier tipo de violencia contra las mujeres es ilegítima, y debe ser castigada. Nuestro sistema de procuración e impartición de justicia debe aplicar la ley por igual, con autonomía e imparcialidad, para cerrarle el paso a la impunidad que tanto daño ha hecho a nuestro país. Una mujer violada, golpeada, torturada, asesinada, debe recibir justicia, sin importar el poder político o económico del agresor.
El sistema debe cambiar, las y los operadores deben cambiar, y también nuestra sociedad, que es sumamente permisiva con la violencia que se ejerce a diario contra mujeres y niñas. Por eso, también tenemos que actuar en el amplio campo de la cultura.
Hoy, la violencia forma parte de la oferta de entretenimiento de los medios de comunicación masiva. Indigna ver telenovelas, anuncios, programas de revista y talk shows, donde las mujeres son revictimizadas, ridiculizadas y humilladas entre mofas y aplausos del público. Si se ve en la televisión, si se lee en revistas y se escucha en la radio sin ningún asomo de crítica, la violencia de género se legitima.
Detener la violencia contra las mujeres nos enfrenta a desafíos inéditos. Seguirá pasando factura a la sociedad mexicana hasta que seamos capaces de entender que las niñas y los niños criados en entornos violentos, interiorizan y repiten el modelo agresivo a medida que crece su inseguridad y aislamiento. Muchos terminan enrolados en el torbellino del delito, de las pandillas y el sicariato.
Necesitamos ponernos en los zapatos de las víctimas; hacer nuestra su impotencia frente a la indiferencia social cuando se les quiebra la dignidad a base de humillaciones y torturas psicológicas; cuando se les patea, se les mutila y se les asesina impunemente; cuando se les destruye el cuerpo y el espíritu sin más razón que el prejuicio por el hecho de ser mujeres o niñas.
Por eso es tan importante prevenir la discriminación contra las mujeres. Prevenir la violencia de género es prevenir, también, la violencia social que hoy padecemos.
Ustedes, las empresarias de México, son una prueba contundente de que las mujeres desarrollan sus mejores talentos en la libertad de pensamiento y de acción, en la autonomía económica, en la educación y en el emprendimiento de actividades donde no está ausente el temor al fracaso. Pero de eso trata la vida: de arriesgarse, aprender y contribuir a que otras mujeres se atrevan a superar el temor y a vivir la vida que merecen.
Ustedes, queridas amigas, forman parte del motor que está sacando adelante a México. Muchas otras mujeres encuentran en ustedes un valioso estímulo para seguir adelante con sus proyectos. A México le hacen falta muchas más empresarias con el valor y la constancia, con la inteligencia que ustedes han mostrado a lo largo de estos años.
Esta presea que hoy recibo tiene un gran significado para mí: es el reconocimiento de que la lucha de esta Comisión Nacional tienen una gran aliada en la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias.
En el corazón se asienta el miedo y también se asienta la libertad. En este corazón de oro que hoy tengo el honor de recibir, se asienta la certeza de que, en México, toda mujer tiene derecho a vivir segura y libre de violencia.
De corazón a corazón, muchas gracias.
Última modificación:
Aug 17, 2011 12:21:28 PM por Susana Jiménez