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Palabras de la Doctora Laura Carrera Lugo durante la presentación del primer Centro de Justicia para las Mujeres en el Distrito Federal
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Lic. Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del Distrito Federal;
Señor Procurador de Justicia del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera;
Estimada Malú Micher, directora del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal;
Magistrado Edgar Elías Azar, presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal;
Diputada Alejandra Barrales, presidenta de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal;
Señora Ana Güezmes, directora regional de ONU Mujeres para México, Centroamérica, Cuba y República Dominicana;
Señora Rocío García Gaytán, presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres.
En México, el acceso a la justicia para las mujeres víctimas de violencia está empedrado de obstáculos construidos por la cultura que las margina, por las leyes que con frecuencia las invisibilizan, y por la respuesta del sistema de procuración e impartición de justicia que las discrimina.
La calidad de la respuesta judicial no corresponde a la gravedad ni a la cantidad de denuncias realizadas por mujeres víctimas de delitos de género; así lo revelan diversos estudios, entre ellos El acceso a la justicia para las mujeres en las Américas, realizado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y otros realizados por la Comisión Nacional a mi cargo.
Por eso, nos dimos a la tarea de investigar y analizar todos los modelos de atención a las mujeres víctimas de violencia en el mundo, incluyendo el del Centro de Justicia de San Diego y las experiencias dentro de nuestro país, para recuperar lo mejor de cada uno. El producto de ese esfuerzo es el modelo de los Centros de Justicia para las Mujeres que ya se levantan en varias regiones del país.
Para esta Comisión Nacional, Centros como el que ahora se construirá en la capital mexicana, salvarán vidas y cambiarán el rostro de la justicia para las mujeres.
Por primera vez, el Distrito Federal contará con un espacio multiagencial, amigable, seguro y cómodo que ofrecerá a las mujeres un abanico de opciones para comenzar a salir del círculo de la violencia desde la decisión que tomen libremente, luego de ser informadas de todo aquello a que tienen derecho: si quieren denunciar, ahí habrá Ministerio Público; si quieren el apoyo de un empleo, de una beca; el soporte psicológico o el servicio de salud, ahí los encontrarán. Aquellas que así lo requieran, serán canalizadas de inmediato a un lugar seguro donde albergarse con sus hijas e hijos.
Los Centros son una respuesta profesional, integral y sensible a la necesidad de justicia de las mujeres que, al denunciar, sufren revictimización en el complejo sistema de procuración e impartición de justicia, partiendo desde el Ministerio Público que pone en duda la veracidad de su acusación, hasta la extrema dificultad para obtener sentencias favorables a sus denuncias. Esto no ocurrirá en los Centros, donde el personal y quienes operan la justicia lo harán con perspectiva de género.
Es un hecho que un mal juez, una mala jueza, inutilizan el efecto de una buena ley. Los prejuicios, la parcialidad, la misoginia incrementan los niveles de impunidad, lo que deviene mayor violencia contra las mujeres. Estoy convencida de que muchos delitos cometidos contra las mujeres deben ser vistos no sólo como actos violentos en sí, sino como precursores de feminicidios si no se detienen y castigan a tiempo.
Los Centros de Justicia para las Mujeres son parte, también, de la respuesta del Estado mexicano a las sentencias emitidas por la Corte interamericana de Derechos Humanos en los casos de Valentina Rosendo e Inés Fernández, así como de las tres jóvenes asesinadas en Ciudad Juárez, el llamado caso del Campo Algodonero, pues fueron víctimas de violencia de género y se les negó la justicia que merecían.
Toda mujer víctima de violencia tiene derecho a ser considerada en su especificidad y circunstancias. Estos Centros de Justicia han sido creados para que no muera una sola mujer más por negligencia judicial en la atención de su caso, o por prejuicios de los y las operadoras de justicia, o por aislamiento social de la víctima que no encuentra salidas al círculo de violencia que vive.
Me parece fundamental resaltar que estos Centros tutelan como bien jurídico a las mujeres, no a la familia, no a los hijos de esas mujeres. Y esto es así porque la mujer vale por sí misma, independientemente de los roles que pueda desempeñar a lo largo de su vida. Son ciudadanas con plenos derechos: así serán tratadas en el Centro de Justicia de su ciudad.
El esfuerzo conjunto de quienes integran el sistema de salud y el de procuración e impartición de justicia, de las organizaciones de la sociedad civil, de las instituciones como Inmujeres del Distrito Federal, apoyará con todo a quienes decidan solicitar apoyo, para pasar de ser víctimas a ciudadanas conocedoras de sus derechos y, por ello, capaces de reclamarlos y ejercerlos.
Con la firma de este Convenio, las partes y la sociedad entera asumimos un compromiso muy grande que no termina con la construcción del Centro, para el que esta Comisión Nacional está aportando 5 millones de pesos, sumados a los más de dos millones de pesos y la generosa contribución del terreno, el equipamiento, el personal y la operación total del Centro, a cargo del Gobierno del Distrito Federal.
El reto para todas y todos nosotros ─y con esto termino─ será vigilar que el nuevo Centro de Justicia para las Mujeres cumpla su cometido a plenitud, superando el riesgo de transformarse en una mera agencia mediadora entre el agresor y la mujer víctima.
En este Centro, habrá un respeto absoluto a las elecciones de las mujeres en su búsqueda de justicia. De algo pueden estar seguras: no se tomarán decisiones sobre su vida o su futuro sin su consentimiento; no permitiremos que se imparta justicia a sus espaldas.
Quiero extender mi amplio reconocimiento a las autoridades del Distrito Federal por su compromiso con el derecho de las mujeres a vivir sin violencia; a Malú Micher, incansable defensora de los derechos de las mujeres, y desde luego a las mujeres y a las organizaciones de la sociedad civil, que por muchos años han venido trabajando para visibilizar la profunda problemática de la violencia cotidiana contra las mujeres, luchando por ubicarla en el sitio que le corresponde: en la agenda pública nacional. El primer Centro de Justicia para las Mujeres en la capital mexicana también es fruto de su esfuerzo y dedicación.
Muchas gracias.
Última modificación:
May 19, 2011 5:45:01 PM por Xbalanqué Velázquez Martínez